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Domesticación de la yuca

 

DOMESTICACIÓN DE LA YUCA

Fotografía de BBC News Mundo

La domesticación es un proceso evolutivo, en el cual, por acción humana, se generan cambios en el paisaje y en organismos vivos como animales, plantas, hongos, bacterias. Existe un amplio rango de especies animales y vegetales domesticadas al ser criados en cautividad o en un ambiente “artificial” que les modificada de sus ancestros silvestres a fin de aprovechar de la mejor manera los beneficios que estos organismos puedan brindar o para hacerla más agradable a los humanos (Yacobaccio & Korstanje, 2007). Estos seres son incorporados dentro de la vida humana mediante prácticas de “manipulación de la diversidad de fenotipos (morfológicos, fisiológicos, en comportamiento) que normalmente existen dentro de las poblaciones de una especie” (Casas & Parra, 2016, pág. 138).

En el caso de las plantas,

se han desarrollado variedades donde se eliminan pelos irritantes y compuestos tóxicos en las hojas o frutos, adaptaciones que les ayudan en las condiciones silvestres a no ser consumidas por herbívoros, pero que perderlas las hace más fáciles de manejar por los campesinos, o se vuelven más sabrosas y nutritivas, al no ser tóxicas (Eguiarte et al., 2018).

También se les ha manipulado con el objetivo de seleccionar la mayor cantidad y mejor calidad de los frutos y semillas dado su valor como fuente alimenticia para los seres humanos. Además, se han tomado y replicado características que faciliten su manejo como el caso del maíz, el cual se buscaban que no liberara las semillas, sino que quedaran unidas al olote, o que permanecieran en la vaina como en el caso de los frijoles, así el agricultor no las perdía (Eguiarte et al., 2018).

El caso de la yuca

La yuca o mandioca (Manihot esculenta Crantz), ha sido una de las tantas especies vegetales domesticadas por la acción humana. Según investigaciones, que emplean marcadores moleculares que precisan variaciones en la secuencia del ADN de las plantas permitiendo establecer relaciones genéticas entre diferentes variedades y análisis de la distribución geográfica, se considera que la yuca pudo tener su origen al sur de México y en el centro de Brasil, esto debido a que allí es donde se concentran la mayor diversidad de especies del género Manihot (Colombo et al., 2000).

Dada la clara separación entre los linajes de las plantas mesoamericanas y sudamericanas, se reconoció que la mandioca cultivada siempre se relacionaba con especies sudamericanas, sugiriendo que el cultivo fue domesticado en Sudamérica, proceso que debió comenzar unos 8.000 años antes del presente en la costa peruana como propone Clement et al. (2010). Además, material botánico hallado en 5 sitios del Valle Casma en Perú reveló tubérculos de yuca con datación entre el 1860 y 900 A.C y análisis de almidones mostraron similitudes entre granos de colecciones de referencia en Panamá, Venezuela y Perú (Socarrás, 2017).

Otro posible centro de domesticación fue en la región Caribe entre Colombia y Venezuela, dado que allí se presentan las condiciones ideales para el desarrollo de uno de los centros originarios de las plantas cultivadas en el mundo. Evidencia arqueológica muestra que en épocas prehispánicas la yuca fue utilizada como alimento complementario a la recolección de recursos de la fauna fluvial y marina,

…líticos encontrados en algunas capas de los concheros ubicados en Puerto Hormiga, en el Canal del Dique (departamento de Bolívar), cuyas fechas datan entre 3100 y 2500 a.C., donde se encontraron grandes platos pandos o budares para triturar raíces y semillas. Así mismo, en las sabanas de San Marcos, en un sitio llamado El Pozón, sobre una antigua playa de río, se hallaron cuencos y vasijas pandas que tienen fecha de 1700 a.C. También, en La Guajira se encontraron cerámicas fechadas de finales del primer milenio d.C. hasta la segunda mitad del segundo milenio, que permiten plantear la posibilidad de agricultores que cultivaron yuca y maíz (Uribe y Mora, 2007, pp. 50-54 citado por Aguilera, 2012).

El material histórico y etnográfico revela que, en la cuenca del Orinoco y Amazonas, posterior a la llegada de los españoles, existía un dominio sobre el procesamiento de la llamada yuca brava, la cual era convertida en harina (mañoco) y en tortas (cazabe) preparadas en la misma forma como se hace en el presente (Triana, 1982). Además, la yuca ha sido un elemento fundamental dentro de las culturas de esta región, tanto que investigaciones etnográficas demuestran que “la yuca no es simplemente una fuente de alimentación, sino que es empleada como elemento ritual, de intercambio cultural, comercial, cohesionador social, entre otros” (Arias et al. 2005; Briñez, 2002 citado por Socarrás, 2017).

Imagen 1. Posibles sitios de origen de la domesticación de la yuca


Se puede establecer entonces, que,

La dispersión de la yuca se dio, durante la conquista de América, a través de los comerciantes portugueses que la llevaron de las costas de Brasil hasta el Congo en África y en un período más reciente al Asia y Oceanía. A finales del siglo XIX ya estaba sembrada en casi la totalidad de los países del trópico (Cock, 1989, pp.32-34 citado por Aguilera, 2012).

Además, que el inicio de la domesticación de la yuca no tiene un origen único y definido, por el contrario, es mucho más factible la propuesta de un poli-origen dada la cantidad de variedades silvestres que se han encontrado ampliamente difundidas en lugares con condiciones ambientales diferentes como las costas de Perú y la Amazonia (Socarrás, 2017).

Resultados de la domesticación

La planta de yuca hoy en día es de un porte arbustivo, con una altura que varía de 1 a 5 metros, posee flores masculinas y femeninas, produce sus frutos y semillas, aunque comercialmente se reproduce asexualmente por medio de los tallos, las hojas son simples con forma palmeada y lobulada, sus raíces almacenan grandes cantidades de almidón lo cual le convierte en el órgano de la planta con mayor valor económico, además, dentro de esta especie existen variedades amargas y dulces según su contenido de ácido cianhídrico (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 1983).

La planta actual, y la notable variedad de genotipos de yuca, es el resultado de un grupo de transformaciones suscitadas como respuesta a las condiciones del entorno natural y a los intereses humanos

La separación geográfica a varios niveles (tipos de suelo, aspectos culturales entre otros), reforzada por la selección artificial, consciente o inconsciente, hizo que el flujo de genes entre las razas dulce y brava fuera mucho menos frecuente que el flujo de genes dentro de cada grupo de variedades locales, lo que condujo a la diferenciación genética y a la agrupación dulce o amarga (Elías et al., 2004 citado por Martín et al., 2019).

El proceso de domesticación llevado a cabo por siglos ha ocasionado variaciones morfológicas en la planta, siendo el desarrollo de tubérculos capaces de almacenar grandes cantidades de carbohidratos el más considerable de ellos. Tal modificación se da especialmente dado que sus raíces son de alto contenido energético, siendo una fuente de calorías en el consumo humano y de vitaminas y minerales (Potasio, magnesio, calcio, hierro) (Aguilera, 2012). Además, el almidón de la yuca es una materia prima de múltiples usos en diferentes industrias.

Sumado a esto, las concentraciones de ácido cianhídrico de la raíz tuberosa también han ido cambiando por acción humana, reconociéndose que en unos lugares se cultiva yuca dulce, que no es toxica y se puede consumir luego de una ligera cocción, mientras que en otros lugares se prefiere cultivar yuca amarga, la cual debido a su toxicidad requiere de un proceso de desintoxicación antes de ser consumida, pero que llega a ser mucho más productiva (Clement et al., 2010).

En resumen, el proceso de domesticación de la yuca ha generado la aparición de múltiples variedades de genotipos, los cuales manifiestan cambios morfológicos en la planta como resultado de los variados ambientes donde se cultiva y de la búsqueda intencionada de raíces mucho más grandes, esto respondiendo al crecimiento de la demanda de yuca que ahora no es solo fuente de alimento para humanos y ganado sino también un producto empleado en la industria alimenticia, textil, de adhesivos, gomas, papeles y alcohol carburante como materia prima (Suárez & Mederos, 2011).

Conclusiones

Es notable que, durante el proceso de domesticación de la yuca, que seguramente tuvo distintos centros de desarrollo en América, se ha llevado a cabo una selección intencionada de algunas características en la planta como respuesta a una demanda estructurada a partir de un conjunto de necesidades que implican el desarrollo de saberes y prácticas con la planta, en especial con su cultivo, cosecha, transformación y consumo.

Su enorme variabilidad genética, evidencian la importancia que tuvo y que aún tiene para los pueblos asentados en los trópico y subtrópico de África, Asia y América Latina. Esta fue un valioso alimento desde tiempos prehispánicos, y actualmente no es solo un alimento básico para muchas familias, sino también un producto valioso dentro de la industria de alimentos, textiles, papeles, adhesivos, gomas y combustibles.

 Bibliografía

Aguilera, M. (2012). La yuca en el Caribe colombiano: De cultivo ancestral a agroindustrial.

Casas, A., & Parra, F. (2016). La domesticación como proceso evolutivo. In A. Casas, J. Torres, & F. Parra (Eds.), Domesticación en el contienen americano .

Clement, C., Cristo, M., Coppens, G., Alves, A., & Pican, D. (2010). Origin and Domestication of Native Amazonian Crops. Diversity, 2, 72–106.

Colombo, C., Second, G., & Charrier, A. (2000). Genetic relatedness between cassava (Manihot esculenta Crantz) and M. flabellifolia and M. peruviana based on both RAPD and AFLP markers. Genetics and Molecular Biology, 23(2), 417–423.

Eguiarte, L., Hernández, H., Barrera, J., Castellanos, G., Paredes, L., & Sánchez, G. (2018). Domesticación, diversidad y recursos genéticos y genómicos de México: el caso de las calabaza . TIP Revista Especializada En Ciencias Químico-Biológicas, 21, 85–101.

Martín, M., Núñez, C., Zárate, R., Silverstein, S., & Villacorta, M. (2019). Conocimientos tradicionales vinculados a la “yuca” Manihot esculenta (Euphorbiaceae) en tres comunidades Ticuna del Perú. Arnaldoa, 26(1), 339–358.

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). (1983). Yuca: investigación, producción y utilización.

Socarrás, J. (2017). Análisis y Caracterización a nivel funcional, simbólico y descripción morfológica de los granos de almidón, de variedades de yuca usadas en las familias Mendoza y Sueroke, miembros de la comunidad Uitoto resguardo de Monochoa. Universidad Externado de Colombia.

Suárez, L., & Mederos, V. (2011). Apuntes sobre el cultivo de la yuca (Manihot esculenta Crantz). Tendencias actuales. Cultivos Tropicales, 32(3), 27–35.

Triana, G. (1982). Procesamiento y complejo dietético de la yuca brava entre los indígenas Puinaves del rio Inírida. Caldasia, 13(64), 549–566.

Yacobaccio, H., & Korstanje, A. (2007). Los procesos de domesticación vegetal y animal. Un aporte a la discusión Argentina en los últimos 70 años. Relaciones de La Sociedad Argentina de Antropología, 191–215.


Realizado por Juan David Henao Agudelo

Biocombustibles y seguridad alimentaria

 BIOCOMBUSTIBLES Y SEGURIDAD ALIMENTARIA

Imagen obtenida de: https://desinformemonos.org/biocombustibles-un-riesgo-para-la-seguridad-alimentaria-y-la-biodiversidad/


Biocombustibles como alternativa a los combustibles fósiles.

La demanda de recursos energéticos ha ido en constante aumento a partir de la revolución industrial. Ante el crecimiento demográfico, y por consiguiente el incremento de la demanda de energía tanto en el ámbito industrial como doméstico, se ha dado la necesidad de obtener mayor cantidad de combustibles. De esta manera los combustibles fósiles como el carbón, petróleo y gas natural comienzan a ser los más explotados y utilizados para satisfacer estas demandas (Medina, 2013). Con el paso de los años y teniendo en cuenta lo finito de estos recursos, se idearon nuevas formas de obtener energía, sin embargo, cada vez era mayor la dependencia por estos combustibles. 

Al margen de los combustibles fósiles aparecían otras fuentes de energía como la energía eólica, solar, atómica o la producida por biocombustibles. Este último ha tenido mayor desarrollo y proliferación en su forma líquida, ya sea como aceites, alcoholes, éteres, ésteres y otros productos químicos, que provienen de compuestos orgánicos obtenidos a partir de biomasa, la cual puede entenderse como “cualquier tipo de materia orgánica que haya tenido su origen inmediato en el proceso biológico de organismos recientemente vivos, como plantas, o sus desechos metabólicos (el estiércol); el concepto de biomasa comprende productos tanto de origen vegetal como de origen animal” (Salinas y Gasca, 2009, pág. 76).

El uso de biocombustibles se remonta a finales del siglo XIX, cuando el Dr. Rudolf Diesel desarrolló el primer motor Diesel, cuyo prototipo estaba previsto que funcionara con aceites vegetales. Estos serían destinados especialmente al transporte y la automoción, convirtiéndose en una alternativa de energía luego de la disminución de la oferta de petróleo por parte de los países productores y el consiguiente ascenso en los precios de la gasolina en la década de 1970 como resultado de la crisis del petróleo.

El aspecto medio ambiental tendría gran prevalencia para impulsar el fortalecimiento de esta nueva forma de generar energía, aunque, con los años también se vería la complejidad de los problemas ocasionados:

De esta forma, los biocombustibles aparecen como una fuente de energía alternativa que puede usarse en el caso de que los precios de los hidrocarburos se eleven demasiado o en un horizonte de largo plazo en que se agoten. Una segunda finalidad en su uso es que contribuyen a frenar el calentamiento global, ayudando a reducir las emisiones de CO2. Sin embargo, los cultivos energéticos de maíz, caña de azúcar, sorgo o soya, implican darle un uso alternativo al alimentario y esto es lo que ha generado una gran polémica (Salinas y Gasca, 2009, pág. 77).

Producción de biocombustibles en los territorios

Como ya se mencionó, fue a partir de la década de los 70 que comenzó el auge de los biocombustibles líquidos, así como el uso y explotación en grandes cantidades. Su incorporación como fuente de energía fue paulatina y estuvo intrínsecamente relacionada con la oferta y precio de los combustibles fósiles. Según datos, la producción global de biocombustibles líquidos se ha incrementado de 4.4 mil millones de litros en 1980 a 42.2 mil millones de litros en 2005, siendo los mayores productores USA (16.1 mil millones litros), Brasil (16 mil millones litros) y China (3.8 mil millones litros). Mientras que la producción de biodiesel pasó de 11.4 millones de litros en 1991 a 3.8 mil millones de litros en 2005 teniendo a Alemania, Francia, USA e Italia como mayores productores (Acosta y Chaparro, 2009).

Parte importante del aumento en el uso y elaboración de estos nuevos biocombustibles se relaciona con el papel que cumplen los Estados, debido a que son ellos quienes crean y promocionan las políticas de regulación tanto de las plantaciones como de la producción de biocombustibles. Para promover la producción y uso de estos combustibles se otorgan incentivos económicos como subvenciones, exenciones y otros beneficios a quienes ejecuten proyectos con biocombustibles, apelando al argumento de que las plantaciones ayudan al medio ambiente, puesto que son fuentes de energía menos nocivas que producen menores emisiones de gases efecto invernadero y que sirven como sumideros de CO2, y recalcando los altos beneficios económicos que podrían generar.

Hay que precisar que, además de los incentivos económicos, también es necesario el acceso a la tierra y los conocimientos adecuados en cuanto a aspectos tecnológicos y sobre las dinámicas del mercado. El mercado de agrocombustibles de EE. UU y de la Unión Europea, ha demostrado cierta viabilidad debido a la capacitación y las subvenciones que ofrecen a los agricultores, ya que es necesario tener en cuenta que sus costos de producción. Será esta rentabilidad económica el argumento de mayor peso, sobre todo porque en los primeros años del siglo XXI la lucha contra la pobreza en América Latina se convierte en un potente justificativo para avanzar en el aprovechamiento de los recursos naturales disponibles, difundiendo la idea de que las riquezas ecológicas no deberían desperdiciarse (Composto, 2012).

Impactos ambientales y sociales del uso y explotación de biocombustibles

Si bien estos nuevos biocombustibles son menos nocivos que los combustibles fósiles, debe tenerse en consideración que la instalación de megaproyectos extractivos para su obtención tiene notables repercusiones sociales y medio ambientales. Este al ser un ‘agronegocio’, congenia en gran medida con actividades extractivas al igual que la minería, el petróleo o la explotación de uranio, puesto que escapa a la agricultura tradicional de procesos, manteniendo una lógica productiva diferente, que no se basa necesariamente “en ‘procesos naturales’, ciclos orgánicos con bajo insumo de agroquímicos, el aprovechamiento del trabajo familiar, la organización” (Giarracca, 2012 citado por Grigera y Álvarez, 2013, pág. 82).

Poniendo a consideración los efectos ambientales ocasionados por la explotación de biocombustibles, hay que tener en cuenta que los impactos se dan tanto como causa del cultivo como del procesamiento. Según estudios realizados por el Instituto Humboldt en Colombia, se puede concluir que el impacto del cultivo sobre la biodiversidad depende de la cobertura vegetal que se reemplace para su establecimiento, asegurando que la siembra de monocultivos en zonas anteriormente cubiertas por bosque primario -e incluso bosque intervenido- tiene efectos claramente negativos. Sin embargo, también concluye que los efectos pueden ser positivos si las coberturas que se reemplazan son pasturas o cultivos transitorios (Instituto Alexander Von Humboldt, 2000).

Por otra puede verse que “la producción de biocombustibles es a la vez contaminante en la medida en que en su cultivo se emplean insumos provenientes de hidrocarburos, tanto en la fertilización como en la fumigación y en el uso de la maquinaria agrícola” (Salinas y Gasca, 2009, pág. 80). En términos generales puede decirse entonces que estos proyectos usualmente causan

El empobrecimiento de la biodiversidad por la intervención en los ecosistemas; la erosión de los suelos y la sedimentación de los ríos, como consecuencia de la tala rasa; la modificación y los desequilibrios en los cauces naturales, como consecuencia de las actividades de drenaje; la alteración de los sistemas tradicionales de explotación maderera; y la contaminación del agua y los suelos, por los efluentes y por el uso de fertilizantes químicos (Peña, 2010, pág. 56)

Siendo estos algunos impactos ambientales, también cabe resaltar que con estos procesos extractivistas se pierde la base del sustento de las poblaciones nativas debido, en parte, a los procesos de desagrarización que se presentan, ocasionando descensos en las actividades agrarias destinadas a la obtención de los alimentos que conforman la dieta de los pobladores originarios de la zona (Peña, 2010). Sumado a esto, en algunos casos se produce el desplazamiento de las comunidades negras, indígenas y campesinas de las zonas donde se ejecutan las actividades (Instituto Alexander Von Humboldt, 2000). Es así como la seguridad alimentaria, elemento base del sustento de la población, puede perderse o estar en riesgo por la producción de biocombustibles.

Biocombustibles y seguridad alimentaria

Inicialmente debe diferenciarse entre los biocombustibles de primera y segunda generación, pues de ello depende en gran medida su injerencia en la seguridad alimentaria de las poblaciones humanas. La diferencia más notable entre ambos combustibles radica en que los biocombustibles de segunda generación se obtienen de vegetales que no tienen una función alimentaria, mientras que los biocombustibles de primera generación comprometen en mayor medida la seguridad alimentaria, dado que 

se producen a base de alimentos o bien compiten por la tierra que puede ser utilizada para producir alimentos, esta situación impacta el precio de los alimentos al alza de manera directa al restringir la oferta de cereales para la alimentación, o de manera indirecta si los alimentos son insumos de ganado; lo que se impacta es el precio de la carne y de los lácteos (Salinas y Gasca, 2009, pág. 79)

Aunado a lo anterior, se debe resaltar que los agrocombustibles de primera generación necesitan de cultivos altamente mecanizados, lo cual debido a la economía de escala que requiere, tiende a la concentración de las riquezas entre los agricultores con mayores recursos (Medina, 2013), o directamente son las transnacionales las que obtienen mayores beneficios. Además, al darse cierta prevalencia por usar el suelo para monocultivos con fines comerciales, se favorece el detrimento de cultivos tradicionales como la yuca, plátano, maíz y el frijol que garantizan la soberanía alimentaria de las personas (Carmona, 2009 citado por Peña, 2010).

Nota: imágenes extraídas de Peña (2010).

De acuerdo con lo recién mencionado, es importante considerar el hecho que muchos agricultores y campesinos que cuentan con pequeñas parcelas en zonas en las cuales son viables los cultivos denominados como “tropicales” (un ejemplo de este sería la palma aceitera), no tienen las capacidades para competir contra el mercado de las agroindustrias ya que las subvenciones estatales son pocas o nulas y la capacitación está orientada, en gran medida, a los grandes productores.

Como consecuencia de esto el campesinado ha visto seriamente afectada su vinculación con la tierra. Por un lado, se han transformado las dinámicas de producción que giraban en torno a la agricultura y a la pequeña economía familiar, y, por otra parte, se ha hecho manifiesta la expoliación y despojo de sus tierras, proceso que ha favorecido tanto la “proletarización del campesinado” como la conversión de la población rural en “pobladores circundantes”. Es decir, que se ha desplazado a los trabajadores rurales y al campesinado hacia la agroindustria, convirtiéndolos en mano de obra barata.

Esto ha generado grandes cambios en la seguridad alimentaria de los hogares rurales ya que, si antes un gran porcentaje de estas familias destinaba su suelo fértil a la producción diversificada de alimentos para consumo local, ahora, debido a las políticas económicas y productivas impulsadas por organismos internacionales  y por entidades como la FAO, gran parte del campesinado ha perdido la capacidad de autoabastecerse debido a que se ha afectado principalmente la posibilidad del acceso a la tierra.

Además, al ser parte de un contexto notablemente violenta donde la volatilidad de los precios, las distorsiones del mercado y las políticas neoliberales, que encarecen por momentos el acceso a una alimentación adecuada son pan de cada día, se ha condenado a una parte relevante de la población a periodos de hambruna en la medida en que las lógicas productivas giran en torno a la acumulación del capital, dejando a un lado la racionalización de los recursos para el bienestar de la población. Se hace latente la idea de “desposesión por acumulación” propuesta por David Harvey, puesto que es apreciable un “proceso que expande la mercantilización y privatización de la tierra, la expulsión forzosa de poblaciones campesinas hacia las ciudades y la reconversión de derechos de propiedad (comunal, colectiva, estatal, etc.) en propiedad privada” (Grigera & Álvarez, 2013, pág. 87)

Conclusiones

Así como plantea Claudia Composto en su texto, los proyectos extractivistas implican una reconfiguración en cuanto a las relaciones sociales, productivas, ecológicas y políticas. Estas relaciones, vinculadas con una lógica puramente instrumental sobre la naturaleza, han llevado a transformaciones en la conexión humano-naturaleza, y a la ruptura de lazos comunitarios y economías regionales. A lo anterior se le debe sumar el hecho de que las agroindustrias transformaron radicalmente el tejido social de las comunidades rurales al afectar los valores identitarios depositados en el cultivo, la producción y consumo de alimentos. En relación con esto, surgieron fenómenos como el de la desagrarización. De igual manera, y siguiendo un poco la línea de las actividades extractivistas, es apreciable que la producción de biocombustibles ha generado despojo de tierras, lo que ha hecho que las poblaciones no tengan donde cultivar sus alimentos, al tiempo que compromete su seguridad alimentaria.

Ya para finalizar, vale la pena resaltar que en un futuro próximo estas políticas de incentivo a la producción de agrocombustibles deben ser revisadas y debatidas, debido a que pueden poner en peligro tanto los ecosistemas de los lugares donde se da su producción, como la seguridad alimentaria de las familias que se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad en la medida en que afecta directamente sus sistemas productivos. De igual manera será importante tener en cuenta que “el abandono de la agricultura de pequeña y mediana escala en los países en desarrollo es una de las principales causas de que el incremento del precio de los alimentos haya afectado la seguridad alimentaria de millones de personas” (Medina, 2013, pág. 247). Por eso es importante repensar los verdaderos beneficios ambientales, sociales y económicos que llevan consigo los procesos extractivistas, como el agronegocio de la generación de biocombustibles, en comparación con la producción de alimentos.

 

Bibliografía

Acosta, O., y Chaparro, A. (2009). Biocombustibles, seguridad alimentaria y cultivos transgénicos. Salud pública, 290-300.

Composto, C. (2012). Acumulación por despojo y neoextractivismo en América Latina. Una reflexión crítica acerca del Estado y los movimientos socioambientales en el nuevo siglo. Astrolabio, 323-352.

Grigera, J., y Álvarez, L. (2013). Extractivismo y acumulación por desposesión Un análisis de las explicaciones sobre agronegocios, megaminería y territorio en la Argentina de la posconvertibilidad. Theomai, 80-97.

Instituto Alexander Von Humboldt. (2000). Incentivos económicos perversos para la conservación de la biodiversidad: el caso de la palma africana. Bogotá.

Medina, J. (2013). Agrocombustibles y seguridad alimentaria. En I. E. Estratégicos, Cuaderno de estrategias 161. Seguridad alimentaria y seguridad global (págs. 217-251). Madrid: Ministerio de Defensa.

Peña, D. (2010). Megaproyectos, desagrarización y soberanía alimentaria: el caso de la palma aceitera en el Bajo Atrato. Bogotá D.C: Universidad Nacional de Colombia.

Salinas, E., y Gasca, V. (2009). Los biocombustibles. El cotidiano, 75-82.



Realizado por Juan Mateo Valencia Agudelo y Juan David Henao Agudelo

Problemáticas de los pequeños floricultores de la zona rural de La Ceja, Antioquia.

 EL OCASO DE LA FLOR

 
 Fotografía de Esteban Valencia Patiño.

Este es un acercamiento a las problemáticas que viven los pequeños floricultores de la zona rural del municipio de La Ceja, Antioquia, en relación al impacto ambiental de los monocultivos de flor en el Oriente Antioqueño.


Realizado por: Esteban Valencia Patiño, Santiago Londoño, Daniel Múnera. 

Extractivismo y neoextractivismo. El caso de la palma africana en Colombia

 EXTRACTIVISMO Y NEOEXTRACTIVISMO. EL CASO DE LA PALMA AFRICANA EN COLOMBIA

Alianza Biodiversidad (2023).

Inicialmente, cabe señalar que, a partir del siglo XVI con la expansión de Europa por todo el planeta junto con sus ideales de civilización, modernidad y desarrollo, más su concepción antropocéntrica de la vida, comienza a darse la explotación excesiva de los recursos naturales. Se empieza a gestar un modelo de desarrollo basado en la extracción y apropiación de la naturaleza a través de actividades que remueven grandes volúmenes de recursos naturales, que no son procesados (o lo son limitadamente), y que posteriormente pasan a ser exportados (Gudynas, 2009). Este nuevo estilo de desarrollo sería conocido como el extractivismo, y tendría serías implicaciones sobre las sociedades humanas y los ecosistemas en donde operaba.

 Dicho modelo pasaba por alto la estructura de significaciones de aquellas culturas que eran ajenas a la europea, mientras que creaba la certeza de que los problemas del modelo podían solucionarse con cambios técnicos y transformaciones sociopolíticas (Giraldo, 2018). Además, tendía a caer en:

el generalizado error consistente en aplicar ahistóricamente los conceptos, técnicas y prácticas de la economía de mercado a todas las manifestaciones culturales y epocales, propios de la manía ‘civilizatoria’ y clasificatoria en la que muchas expresiones son excluidas, minusvaloradas e invisibilizadas (Quijano Valencia, 2016)

Otra de las características de este modelo es que cada vez exige “mayor cantidad de materias primas y energías, lo cual se traduce por una mayor presión sobre los bienes naturales y territorios” (Svampa, 2019, p.18). Esta necesidad de territorios para explotar genera que se expropie y despojen grandes extensiones de suelo, provocando disputas y enfrentamientos entre poblaciones y grandes actores económicos, lo que en muchas ocasiones terminaría repercutiendo en temas como la violencia y la pobreza.

La pretensión de edificar y consolidar una sola explicación para fenómenos sociales, culturales y biofísicos, no dejaba vislumbrarlos claramente al excluir ciertas partes de él, dificultando el reconocimiento de la conexión existente entre el extractivismo y los diferentes factores sociales y ambientales con los que se relacionaba. De igual manera limitó el conocimiento de la naturaleza a un modelo en específico, lo que ha favorecido “la coordinación universal de la vida y el desenvolvimiento de los sujetos, los espacios socio/naturales y los saberes” (Quijano Valencia, 2016).

Dicha limitación en el conocimiento de la naturaleza ha generado concepciones reduccionistas sobre esta, ocasionando que -en el mejor de los casos- se le considere como una maravilla de gran complejidad fruto de la manifiesta sabiduría del dios creador de todo lo que existe, o que en otros casos sea vista única y exclusivamente como una despensa, olvidando que es un agregado de agua, tierra y cielo que interactúan entre sí, y en donde todo aquello que es “asequible a nosotros forma un sistema, una concatenación general de cuerpos, entendiendo aquí por cuerpos todas las existencias materiales, desde los astros hasta los átomos” (Engels, 1886, p. 48).

Las alteraciones que provocan los procesos de extracción en la naturaleza pueden ser muy variables. En el caso del aumento de la frontera agrícola, ganadera y minera se ha impactado especialmente a las fuentes hídricas, los suelos y la biodiversidad, sin olvidar que también se ha afectado aspectos como la alimentación y salud de poblaciones humanas. La expansión de la agricultura, por ejemplo, ha afectado el ecosistema a través de procesos de deforestación, erosión de suelo, sedimentación de fuentes hídricas, eutrofización, entre otros. La expansión de la frontera ganadera también ha afectado considerablemente las fuentes hídricas al favorecer la presencia de gran cantidad de coliformes en el agua, bien sea por contaminación difusa o por vertimiento directo, además la compactación que sufren los suelos los deteriora considerablemente.

Tanta es la interconexión que existe entre los elementos de la naturaleza que la deforestación en zonas Andinas y Amazónicas, con el fin de aumentar la agricultura, la ganadería extensiva y la minería, han cambiado la vida de muchas comunidades ribereñas que habitan a orillas de pequeñas quebradas o de grandes ríos como Cauca y Magdalena.

Dentro de dicho panorama en América Latina surge una categoría analítica conocida como neoextractivismo, que permite describir y explicar este modelo extractivista desde el ámbito social, político-territorial y medio ambiental a partir de una escala nacional, regional o local. Se hace necesario comprender la complejidad de este modelo, sobre todo porque estas grandes modificaciones del entorno como respuesta a las nuevas necesidades humanas repercuten indudablemente en la organización, estructura y funcionamiento del sistema (Rappaport, 1985).

Mucha de la información socavada hasta la fecha evidencia el considerable impacto negativo que ha tenido este modelo de desarrollo en el ámbito económico, social y ambiental, además evidencia su limitada contribución al genuino desarrollo de las sociedades humanas que constituyen los actuales Estados-nación. A pesar de esto, el extractivismo goza de buena salud dentro de los actuales Estados latinoamericanos progresistas o conservadores, los cuales hacen poco por reconstruirlo. Además, continúa siendo vista como la mejor alternativa para alcanzar los tan anhelado ideales de desarrollo, de ahí que se promuevan medios para incrementarlas, a pesar de que éste mantiene un estilo “basado en la apropiación de la Naturaleza, que alimenta un entramado productivo escasamente diversificado y muy dependiente de una inserción internacional como proveedores de materias primas” (Gudynas, 2009, p.188) Sin embargo, no debe pasarse por alto que, frente a este modelo cada vez se van generando más reacciones de oposición entre las sociedades.

En conclusión, se puede decir que, a pesar de los efectos colaterales del extractivismo en las diferentes esferas de la realidad humana, este sigue manteniendo su vigencia e importancia dentro de los actuales gobiernos latinoamericanos y mundiales. Sumado a esto, son apreciables los pocos esfuerzos realizados para modificar este modelo y contrarrestar o apaciguar sus repercusiones sobre la vida en general. Se mantiene dicha estructura de apropiación de los espacios y los recursos. Pareciera a simple vista que lo único que ha cambiado entre el extractivismo y el neoextractivismo es cómo y quiénes se quedan con las riquezas , mientras que los problemas sociales y ambientales que surgen como consecuencia de ello continúan a la espera de que los grupos humanos les den la relevancia que requieran y logren entender que nada en la naturaleza ocurre de modo aislado y que este extractivismo ha generado cambios en el planeta que requieren de una reestructuración de la vida humana.

La palma africana en Colombia

 Enlaces de interés





Bibliografía

Engels, F. (1886). Dialéctica de la naturaleza. Obtenido de Livros Grátis: http://livros01.livrosgratis.com.br/bk000224.pdf

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