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Disposición y manejo del agua en Colombia. Más de un siglo regulando su uso para garantizar el acceso y prevenir enfermedades.

 DISPOSICIÓN Y MANEJO DEL AGUA. MÁS DE UN SIGLO REGULANDO SU USO PARA GARANTIZAR EL ACCESO Y PREVENIR ENFERMEDADES RELACIONADOS CON AGUAS CONTAMINADAS.

Los ríos desempeñan un papel fundamental en el sistema de evacuación de residuos. Desde las primeras décadas del siglo XX, la solución para el mal olor y el aspecto desagradable de los ríos fue canalizarlos. Canalización Río San Francisco en Bogotá. Fotografía propiedad de Luis Alberto Acuña 1910. 

El agua es parte de los territorios y, por lo tanto, incide en la forma de ser de las poblaciones a su alrededor. Al ubicarse en un espacio y un tiempo, estas poblaciones encuentran su territorio e instituyen un orden o una lógica en sus dinámicas sociales, en su organización y en sus formas de apropiación del espacio (Carreira, 2007). Ante esto, fenómenos como ríos contaminados, entubados, descargas de aguas cloacales a la vía pública, inundaciones, desbordes, aguas que se pierden, son imágenes que no contribuyen a construir ese ser a partir del estar en el territorio, por lo que se da la intervención humana para dar soluciones.

Si bien el agua es un elemento esencial para la vida, e indispensable para el aseo individual y colectivo de los grupos humanos, también es importante resaltar que su mal uso y disposición puede generar serios inconvenientes en la salud, es decir, que, el agua es elemento vital de primer orden cuando no es impura o sucia, y veneno poderoso cuando contiene gérmenes infecciosos (Lobo, 1917).

Por ello, ha sido necesario que por décadas organismos multinacionales, gobiernos nacionales, departamentales y municipales, hayan tomado medidas que consideraban convenientes para evitar la contaminación y disminución de los afluentes que sirven para abastecer a las comunidades del preciado líquido. De igual manera ha sido de gran importancia el manejo de las aguas residuales y represadas, debido a los problemas de salud con que pueden estar relacionados. Frente a este panorama, en el siguiente artículo se pretenden evidenciar algunas de las medidas tomadas por los diferentes entes gubernamentales con respecto al manejo adecuado del agua.

Contexto histórico-administrativo

Partiendo de un ámbito global y nacional, es importante señalar que ya para fines del siglo XIX y comienzos del XX, la higiene comenzaba a ser un aparato útil en la profilaxis de las enfermedades que azotaban al planeta. De igual manera, a partir de los análisis microscópicos realizados durante este periodo, especialmente en Europa, comienza a ser más evidente la presencia de microorganismos patógenos en la vida de los humanos, al punto de considerarse, que, el origen de muchas de las enfermedades infecciosas y contagiosas estaba vinculado con estos seres biológicos minúsculos – microbios-(Rodríguez, 1992).

A la par se vislumbra la relación de estos microorganismos con el agua y los problemas de salud, bien sea porque el agua que es para consumo se encuentra cargada de grandes cantidades de estos seres vivos microscópicos, o porque la mala disposición y manejo de esta favorece la reproducción de organismos vectores que se encargan de trasmitirlos, como el caso de los anofeles, o zancudos, que transmiten enfermedades como paludismo, malaria y fiebre amarilla.

El 20 de octubre de 1886, en Colombia, se crean por decreto del gobierno nacional, la Junta Central de Higiene y las Juntas Departamentales de higiene que tenía como funciones controlar las enfermedades epidémicas y endémicas, responsabilizarse del saneamiento y control de los puertos, además del manejo de aguas, alimentos, entre otros (Gutiérrez, 2010). La proliferación de leyes para intentar estructurar la implementación de la higiene estuvo sustentada en las evidencias científicas difundidas en las nacientes academias de medicina, y fue introducida a la población desde las leyes, ordenanzas y actores estatales, quienes se encargaron de diseminar la regulación de las practicas higiénicas en todos los ámbitos de la vida cotidiana de una sociedad (Castaño, 2018).

Sin embargo, para el siglo XIX, en Colombia, el discurso científico estaba repleto de enunciados que revelan juegos de poder e ideologías científicas, que, como señalaba Georges Canguilhen, no eran ajenos a las relaciones y rivalidades que a veces cobran un carácter de nacionalismo discriminatorio (Márquez, 2005). Probablemente por esto las disposiciones dictadas por esta junta, aunque fueran de carácter obligatorio, tuvieron serios problemas políticos para su aplicación dada la resistencia de los departamentos en permitir la centralización en la toma de ciertas decisiones.

El Estado contó con estrategias que iban desde la coacción a partir de normas higiénicas (códigos sanitarios) para evitar el contagio y la propagación de enfermedades, así como la creación de instituciones, burocracia y órganos de difusión, menos coactivas pero que conservaban el mismo objetivo (M. Suárez & Monsalvo, 2013). Para este momento, se evidencia a través de discursos médicos y sanitarios, que comienza a vincularse la higiene con la civilización y el progreso.

Para 1914, con la ley 84, se dieron mayores herramientas jurídicas a la Junta Central de Higiene para controlar y reglamentar la higiene en el país. De esta manera los departamentos y municipios tenían que encargarse del mantenimiento de los entes locales, pero quedando dependientes siempre de la Junta Central de Higiene. En otras palabras, los municipios y departamentos corrían con los gastos relacionados a la higiene, pero sin tener control de estas instituciones (Gutiérrez, 2010).

Frente a dicha situación los gobiernos regionales, y algunos municipales, comienzan a tener considerables avances en materia higiénica sobre todo en lo que respecta a la creación de sistemas de acueducto, sanidad de los puertos y prevención de enfermedades infectocontagiosas. En la segunda y tercera década del siglo XX se fortalece el saneamiento de los puertos marítimos, además se avanza en el servicio de agua potable, el alcantarillado, la pavimentación de las ciudades y el saneamiento de las habitaciones. Se buscaba unir esfuerzos entre nación, departamentos y municipios a través de la construcción de unidades sanitarias, pero las Asambleas y Consejos Municipales no asignaban suficiente presupuesto para sobrellevar las necesidades de la higiene (Gutiérrez, 2010).

En el departamento de Antioquia, su Junta Departamental de Higiene no fue ajena a los objetivos en salubridad e higiene que tenía el país, a pesar de las diferencias en cuanto a la autonomía de los departamentos y municipios para decidir sobre el presupuesto y las acciones a ejecutar entorno a este servicio. Es importante señalar que, por un lado, la higiene era tomada en el departamento, y en Medellín especialmente, como un instrumento esencial con fines preventivos, y por otro, era vista como una práctica que instrumentalizaba el saber médico y pedagógico de la época en nombre de una mejor población y civilización (Botero & Trujillo, 2004).

Entre 1914 y 1917 el departamento de Antioquia, siguiendo la normatividad establecida por el gobierno nacional que comenzaba a ser más rigurosa en su aplicación, expidió resoluciones y ejecutó ciertas medidas con el objetivo de mejorar las condiciones higiénicas existentes en algunos de los establecimientos municipales. Se reconoce, gracias a las actas levantadas por los directores de la Junta de Higiene departamental, que había serios problemas relacionados con la contaminación y manejo de aguas residuales, al igual que notables inconvenientes en el abastecimiento de agua potable.

En el departamento ya había municipios con gran número de habitantes como es el caso de Andes con más de 30000 personas o Medellín con más de 120000 para la década de 1930, esto hacía urgente la toma de medidas preventivas para garantizar la salud y evitar la propagación de enfermedades y la consolidación de epidemias. En otras ciudades como Cartagena, la población también aumentó de cerca de 9681 personas en 1905 a 84937 durante la misma década (Meisel, s.f.), generando un notable crecimiento del área de la ciudad lo que ocasionó altas demandas y deposiciones de aguas usadas que contaminaban calles y espacios públicos estancándose junto con las basuras (Casas, 2000).

Ante esta situación, recurrente en diferentes lugares del país, se tomaron acciones relacionadas con el manejo del agua, en especial en lo relacionado al abastecimiento y al manejo de aguas lluvia y aguas residuales, sobre todo por su estrecha relación con algunos problemas de salud. Como lo evidencian las resoluciones dictadas por la Junta Departamental de Higiene de Antioquia, registradas en el tomo 9475, se buscaba prevenir enfermedades como la diarrea, el cólera, la disentería, el paludismo y la fiebre tifoidea, relacionados estrechamente con aguas contaminadas y represadas.

                               

Para ello, se emplearon estrategias como la erradicación de cultivos en antejardines y solares, puesto que favorecían la formación de lagunas y charcos de agua que daban paso a la aparición y reproducción de insectos como zancudos que transmitían los microbios de algunas enfermedades como lo sugería el Dr. Pablo García Medina en 1907 (Castaño, 2018).También se buscó mantener separadas las aguas residuales y el agua potable mediante la creación de desagües y alcantarillados, que condujeran las aguas empleadas en actividades humanas o resultado de las lluvias lejos de las poblaciones, sobre todo porque desde 1881 se solicitaba con apremio que las cañerías no corrieran por las calles, pues constituían un problema de salud pública (Castaño, 2018).

No se permitía la ubicación de excusados en las márgenes de las quebradas y riachuelos de la ciudad, y en todos los demás puntos en donde por sus emanaciones perjudiquen a los transeúntes y vecinos. Esto se dio porque el servicio de alcantarillado daba salida libre a las aguas sucias a cualquier punto de las cercanías de la ciudad, lo que ayudaba a que se formaran criaderos de gérmenes nocivos, que levantados en el aire y llevados por los vientos al centro de la población terminaban siendo una de las causas de las epidemias que asolaban a las personas. Así mismo, producían un daño a los campos que regaban con agua sucia, infestando las dehesas por donde pasaba, y ocasionando problemas al ganado que la bebía, lo que podía ocasionar la transmisión de múltiples enfermedades a las personas que consumieran este ganado (Bernal, 1911).

Se prohibió que sobre la vía pública se arrojasen excrementos, orinas, aguas sucias y en general toda clase de sustancias de origen animal o vegetal que, al podrirse, sean perjudiciales a la salubridad pública. Así mismo se veía la necesidad de pavimentar ciertas zonas y mejorar el manejo de las basuras. Puesto que, como narraba Vigarello, las emanaciones hediondas de las putrideces, las basuras, la carne muerta y los objetos putrefactos podían causar la muerte (Vigarello, 1991).


Otra de las medidas propuestas para conservar las fuentes hídricas y garantizar el acceso a agua potable en las poblaciones aparece en el folio 15 del tomo 9475 del fondo del Archivo Histórico de Antioquia. Allí se solicita a los municipios que adquirieran zonas de tierra que tenga por lo menos cincuenta metros de ancho, a cada lado del manantial, arroyo o riachuelo de cuyas aguas se sirva la población; y de largo, desde el sitio en donde se hace la toma del agua, hasta sus nacimientos.

Esta estrategia no fue exclusiva del departamento de Antioquia y ciudades como Medellín, también se dio en otras ciudades como Bogotá. En la capital del país, por ejemplo, se da la compra del denominado predio San Cristóbal, el cual estaba compuesto de cuatro manantiales que podían abastecer de agua a gran parte de la población. Sin embargo, es importante señalar que esta medida por sí sola no evitaba problemas de salud o aseguraba el abastecimiento de aguas, pues, para que el agua satisfaga cumplidamente las ineludibles necesidades humanas, no basta que la cantidad sea suficiente, sino que es preciso que reúna determinadas cualidades, entre las cuales la más importante y aun esencial es que tenga cierto grado de pureza (Comisión República de Colombia, 1912).

Aparte de las medidas ya mencionadas, en el mismo tomo 9475 aparece una resolución vinculada con la capa vegetal de los suelos. Reconociendo la relación de los suelos con la producción y composición del agua, se prohibió la quema de barbechos o malezas en ciertas zonas. Además, se propuso que, en las partes sin monte o rastrojo, se sembraran árboles y arbustos apropiados al clima, prefiriendo los que, como el chusque, el carrizo, la gamboa, la guadua, la zarza y en general las plantas que forman matorrales tupidos, debido a que sus raíces cambian la estructura del suelo, permitiendo que estos absorban más agua, eviten encharcamientos y dejen evaporar poca agua.

Conclusiones

Fueron múltiples las medidas tomadas para proteger el agua y asegurar el abastecimiento de esta a los principales centros poblados del país para finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, los problemas administrativos y la diferencia de intereses de cada uno de los entes territoriales dificultaron el cumplimiento de muchos de los objetivos establecidos dentro del marco de la Junta de Higiene Central. Quizá, esas mismas diferencias administrativas y problemas de articulación siguen causando que departamentos algunos aun no tengan de un sistema de acueducto y alcantarillado adecuado. Y que tampoco se protejan ciertas zonas forestales como medida preventiva para evitar el deterioro del recurso hídrico.

El aumento en la importancia de la higiene en Colombia estuvo relacionado con los notables avances en la microscopía a nivel mundial, y la inclusión del medio ambiente como factor determinante en el estado de salud de los humanos. Así mismo, el discurso y la práctica científica tuvieron gran injerencia en la medicalización e higienización en el país, pues su postura frente a conceptos como raza, progreso y desarrollo, más sus intereses políticos y de poder, delinearon el camino a seguir con respecto a la institucionalización de la higiene en el país.

Fue a partir de este avance conjunto de la higiene en todo el mundo, que se logró entender lo propensa que está el agua de romper el equilibrio que mantiene con respectos a los minerales y microorganismos que viajan por ella, pasando fácilmente de elemento vital a elemento letal para la vida. Por eso ha sido necesario, desde aquella época hasta el día de hoy, que los diferentes entes gubernamentales tomen medidas que impidan la disminución y contaminación de las aguas potables destinadas a abastecer las poblaciones, debido a su estrecha relación con ciertos problemas de salud. Además, cabe destacar que las medidas de orden pedagógico también han jugado un papel de gran importancia para procurar evitar la contaminación y disminución de las aguas potables, así como para promover ciertas prácticas por parte de las personas a fin de contribuir a mejorar la higiene y la salubridad de los territorios.

 

Bibliografía

Bernal, C. (1911). Ensayo sobre abasto de aguas para Bogotá.

Botero, W., & Trujillo, R. (2004). La higienización del clima y del cuerpo en Medellín a principios del siglo XX. Investigación y Educación En Enfermería, 22(2), 12–27.

Carreira, A. (2007). De las perturbadoras y conflictivas relaciones de los bogotanos con sus aguas. Tabula Rasa, 6, 263–285.

Casas, Á. (2000). Los circuitos del agua y la higiene urbana en la ciudad de Cartagena a comienzos del siglo XX. História, Ciências, Saúde - Manguinhos, 7(2), 347–375.

Castaño, J. (2018). El aire viciado: Higiene, enfermedad y vicio en la Instrucción Pública del departamento de Caldas 1909-1919. Universidad Tecnológica de Pereira.

Comisión República de Colombia. (1912). Informe de una Comisión sobre compra del predio denominado San Cristóbal.

Gutiérrez, M. (2010). Proceso de institucionalización de la higiene: estado, salubridad e higienismo en Colombia en la primera mitad del siglo XX. Estudios Socio-Jurídicos, 12, 73–97.

Lobo, M. (1917). Revista de Higiene.

Márquez, J. (2005). Ciudad, miasmas y microbios. La irrupción de la ciencia pasteriana en Antioquia (Universidad de Antioquia).

Meisel, A. (s.f.). Cartagena 1900-1950: al remolque de la economía nacional. Banco de La República de Colombia.

Rodríguez, E. (1992). Por la salud de las naciones. Higiene, microbiología y medicina social. Akal.

Suárez, M., & Monsalvo, E. (2013). La higiene y el progreso. La institucionalización de la burocracia sanitaria en Manizales,” Anuario de Historia Regional y de las Fronteras. Anuario de Historia Regional y de Las Fronteras, 18, 99–125.

Vigarello, G. (1991). Lo limpio y lo sucio. Alianza.

Familia y enfermedad

FAMILIA Y ENFERMEDAD 

“La eclosión de la enfermedad en la familia genera una serie de desajustes en la manera de convivir y funcionar por parte de sus miembros” (Fernández, 2004) 

Fotografía de José Carlos Bermejo


La familia ha sido el núcleo fundamental en donde se ha desarrollado la sociedad humana. Esta podría considerarse como una estructura o sistema coherente y articulado, en donde se dan vínculos y roles sociales que son dinámicos, y hacen posible que la estructura pueda cambiar algunas funciones de esta. Dicha organización social ha sido el centro alrededor del cual se satisfacen la necesidad de calor, comodidad, alimento y compañía de la persona como diría Malinowski en su escrito sobre la cultura (Kahn, 1975).

Podría considerarse “que la familia integrada por un hombre y una mujer unidos más o menos permanentemente - con aprobación social - y sus hijos, es un fenómeno universal, presente en todo tipo de sociedad” (Lévi-Strauss, 2010, pág. 196). Se reconoce que su estructura no es única, sino que existen variedad de tipologías en la conformación de esta, que incluyen desde la familia legal constituida a partir de un matrimonio, pasando por la familia de hecho donde se aprecian casos de unión libre, madresolterismo y concubinato, la familia nuclear vinculada a progenitores e hijos, y la familia extensa que se refiere al conjunto de núcleos familiares unidos (Gutiérrez, 1975).

El emparejamiento, el amor y la selección de la pareja está determinado por las costumbres culturales que prevalecen en cada sociedad. En ella el individuo adquiere hábitos, leyes, costumbres y maneras que inciden en los sentimientos, valores y actitudes que terminan por coaccionar y condicionar el comportamiento humano hacia los miembros de su grupo, en especial frente a sus parientes más cercanos.

Entre las principales funciones de la familia destaca el formar y cuidar a los individuos que le conforman. En casos como la enfermedad de uno de sus miembros, esta es quien cumple el rol de dar el mayor cuidado y atención al paciente. Se convierte en el núcleo fundamental para superar la enfermedad, incluso al punto de llegar a presentar cambios en su funcionamiento y composición, dado que la familia “sufre, se preocupa, tiene miedo, sus hábitos cambian e igual que los de su ser querido, las relaciones y roles se alteran y los sentimientos son diversos; sus miembros están fragilizados, también son seres vulnerables” (Waldow, 2014, pág. 235).

Por su parte, la vida del paciente, así como su papel en la familia y en la sociedad, cambian, alterando de alguna u otra manera su forma de ser y estar en el mundo. Las modificaciones se dan en la estructura exterior e interior del sujeto, afectando el mundo afectivo y relacional de este. Se crea una nueva conciencia sobre quien se es, la importancia de la familia, el significado de las cosas y de la vida, las prioridades y los valores cambian.

Dentro de la familia surge una imperativa responsabilidad de proteger a sus miembros, y al ver que alguno se encuentra en estado de vulnerabilidad se hace necesario atenderle y cuidarle, aunque ello represente un desgaste físico que puede causar la falta de energía, alteración de las funciones cognitivas o la aparición de enfermedades en el cuidador. Además del desgaste físico, los cuidadores llevan una carga psicosocial que suele manifestarse con

…sentimientos negativos como la frustración, ansiedad, enojo, impotencia, desesperanza, preocupación por las actividades de cuidado directo, incertidumbre por el futuro de su receptor de cuidados, percepción de pérdida, de vida disminuida y de lucha constante y limitación en las relaciones sociales y familiares (Carreño, et al., 2016, pág. 345)

Ante esta difícil situación, suelen presentarse cambios en las interacciones familiares y se puede llegar a situaciones de equilibrio o desequilibrio al interior de esta. No es raro que en algunos casos se centre el interés en la personas enferma, lo que puede ocasionar que el cuidador se aleje inevitablemente de otros miembros de la familia debido a las labores de cuidado que realiza. Así mismo se reconoce que el cuidador está sujeto a cierto estrés, sentimientos y emociones que pueden llegar a influir en su estado de salud. Esto puede dar pie a tensiones y distanciamientos en la familia, o por el contrario fortalecer la misma. De igual forma puede generar cambios en las dinámicas de los hogares, especialmente en lo relacionado a la división de trabajos dentro de ellos.

No todos los casos de enfermedad implican serios cambios en las familias, “el desajuste puede tener diferentes intensidades, las cuales van a estar influenciadas por el tipo de enfermedad y la dinámica del grupo familiar en torno a ella” (Fernández, 2004, pág. 251) Hay casos en donde el cambio más notorio se da en las actividades diarias de la familia, la cual requiere dedicar un poco más de tiempo para estar con el paciente, darle sus medicamentos, prepararle la comida, e invertir tiempo para el dialogo y apoyo psicológico; mas no requiere modificar sus roles, en parte porque las enfermedades no son crónicas, agudas o terminales, y por ello requieren de un menor cuidado y esfuerzo por resguardar al paciente.

Mientras tanto, la economía familiar también se ve alterada, incluso llegando a ser un determinante en la forma en que se estructura la familia. En casos donde enferma la persona que económicamente sostiene la familia, de inmediato se debe dar una reorganización en las funciones familiares, es inevitable la alteración estructural, pues los roles, funciones y jerarquía de la familia será diferente. Claro está que el impacto económico de una persona enferma en una familia de escasos recursos no será igual que en una familia económicamente estable, siendo probable que en la familia de pocos recursos se pueda dar más fácilmente un cambio en la estructura y funcionamiento,

Finalmente, a modo de conclusión, podría decirse que la enfermedad de un individuo altera tanto la existencia de este como la del grupo social más cercano a él, que usualmente es la familia. Como ya se mencionó, pueden aparecer alteraciones en los roles, funciones y jerarquía de esta a causa de tener un miembro enfermo o en estado vulnerabilidad. Así mismo, se reconoce que estos cambios, y la intensidad de los mismos, dependerán de factores como la unión familiar, la situación socioeconómica o el tipo de enfermedad que aqueje al paciente.

 

Bibliografía 

Carreño, S., Sánchez, B., Carrillo, G., Chaparro, L., & Gómez, O. (2016). Carga de la enfermedad crónica para los sujetos implicados en el cuidado. Revista Facultad Nacional de Salud Pública , 342-349.

Fernández, M. (2004). El impacto de la enfermedad en la familia. Revista Facultad de Medicina, 251-254.

Gutiérrez, V. (1975). Familia y cultura en Colombia. Tipologías, funciones y dinámicas de la familia. Manifestaciones múltiples a través del mosaico cultural y sus estructuras sociales. Editorial Universidad de Antioquia.

Kahn, J. (1975). El concepto de cultura: textos fundamentales. Editorial Anagrama.

Lévi-Strauss, C. (2010). La Familia. En H. Velasco Maillo, Lecturas de antropología social y cultural. La cultura y las culturas. (págs. 195-222). Madrid: UNED.

Waldow, V. R. (2014). Cuidado humano: la vulnerabilidad del ser enfermo y su dimensión de trascendencia. Index de Enfermería, 234-238.


Realizado por Juan David Henao Agudelo